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Acercaba y alejaba su pulgar e índice sobre el cristal templado del móvil, una y otra vez… Era un plano corto (muy corto) de no se sabe muy bien que estancia: una habitación, un distribuidor quizás, la cocina… a saber qué carajo era aquello!

Y es que, a poco que el proceso de búsqueda o venta de casa dure tres meses, que ya es ir bien parados, las partes implicadas pueden ver de todo.

Solicitudes de información sin respuesta y respuestas en bucle de «está reservado». Fotos con más granos que una clase de adolescentes, datos que se mezclan y comisiones extras que aparecen de la nada.

¿Y los propietarios? Ni te cuento… Visitas que son pura magia, por aquello de vieron y desaparecieron. Extraños yendo y viniendo que antes debieron dar un paseito por su banco y citas que se cancelan en cuestión de minutos aunque los propietarios hayan tenido que hacer «tetris» para poder atender a los «susodichos compradores».

Tecnicismos y «palabrejas» que nos alejan  de los clientes y premios que serían muy distintos si los asignaran los usuarios.

Agentes en zapatillas o de pin y corbata, serios, animados, ansiosos e impuntuales… Lo que os decía, de todo.

Y ese todo también incluye bueno; seamos justos!
Profesionales serios, con rigor, formación, experiencia, medios y equipo. Pero es que va a resultar que la ley evolutiva de Darwin va lenta en nuestro sector…

Lo «chusquero» aún hace más ruido que la profesionalidad, el trato «cutre» aún se ve como la norma y los «agentes abre puertas» todavía consiguen que nos metan a todos en el mismo saco.

Alguien que avise del asunto a Darwin, please !!!

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