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Un domingo cualquiera…

Le puse coraje… aun teniendo más de una mirada «clavada» en mi espalda, le puse muuuucho coraje.

Sabía que después me caería una buena, pero me decidí a cruzar el salón lleno de gente, para salir fuera y atender mi teléfono. (Si os imagináis la banda sonora de ‘Tiburón’ de fondo, os pondréis, aún más, en situación).

Entré de nuevo, con mi mejor sonrisa y cara de «no es culpa mía, tenía que cogerlo, era urgente…” pero de nada sirvió: me cayó una buena (tal y como os dije).

Una llamada inesperada de domingo...

La mirada de mi suegra me dejó helada y la frasecita «¡que es domingo, Mª del Mar!” de mi pareja, no fue mucho más tranquilizante. El resto no hablaba, pero asentía; en modo “quién calla otorga”. Esos mismos que, rara es la reunión familiar que no aprovechan para consultarte una “cosita” y cuando los  necesito de mi lado dejan a Judas a la altura de un dibujo animado. Ya te digo…

De nada sirve lo que diga después, tampoco mis argumentos bien pensados y estructurados… las caras largas van a durar, mínimo, lo que quede del domingo.

Ser Asesor Inmobiliario

Ser Asesor Inmobiliario implica más de una cara larga y una regañuza de nuestro entorno más cercano. Y eso, ya os digo, que no está pagado.

Llamadas de propietarios y compradores en horas y días «poco apropiados”, citas tan enrevesadas, por horario, que hacen que la tensión aumente más que en la mítica escena de la peli de ‘Psicosis’. Webinars, vídeo llamadas, formaciones, carteles repartidos por nuestra ciudad que están para eso: ¡para que nos llamen! Y, por supuesto, las vacaciones, donde seguimos «tirando» de móvil porque siempre se quedan asuntos en el aire. Y una larga lista de etcéteras…

No sé si habrá datos del número de cenas reconciliadoras, » viajecitos” para compensar y noches en el sofá que genera nuestro sector. Pero si existiesen, los números tienen que ser una pasada; de libro de los récords, seguro.

datos y números, de show de los récords

¡No sin mi familia!

Tengo muuuy claro que nuestro desarrollo profesional no depende de nuestros gerentes, ni del resto de compañeros, ni tan siquiera de nuestro trabajo y nuestras ganas. ¡Qué va, chorradas…! Sin la paciencia, aguante y comprensión de nuestra familia, pareja y amigos, ni desarrollo profesional ni leches.

Cuando los agentes, asesores o gerentes, con mucho sigilo, explicamos a nuestras parejas y familiares que nuestro trabajo es así, podemos ver algo de luz al final del túnel.  Pensamos, «¡bien! ha entendido que tengo que coger el teléfono, que tengo que coordinar las citas, que…”.

Luego, nuestros argumentos siguen en paralelo con el silencio sepulcral y el rostro, cada vez más tenso y con los ojos como platos, de la persona que tenemos delante… Confirmado: ¡no lo entienden! Lo aguantan, por que nos quieren, porque hay que pagar la hipoteca y porque, de vez en cuando, nos «chantajean» con una cenita.

Lo tengo asumido: ¡lo soportan, pero, del todo del todo, no lo entienden!

No olvides pagar esos honorarios

Si los tenemos como aliados y sabiendo que, más de una vez, tendremos que aguantar el chaparrón, contamos con los mejores colaboradores; comisión propiamente dicha no perciben, pero saben muy bien como cobrarse…

¡No olvides abonar esos honorarios!

 

Mª del Mar Aragón Rey

Asesor Inmobiliario

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