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No sé ahora, porque ya hace años que me saqué el carné de conducir, pero en mis tiempos si te presentabas al práctico y tenías “vicios” por haber conducido muuucho antes, y ser un “fitipaldis”, te ibas a casa sin la “L”. Sí, esos vicios del tipo… brazo apoyado en la ventanilla, girar la cabeza al ir marcha atrás, llevar una sola mano en el volante… Bien, pues somos muchos los que nos quedaríamos sin carné si revisaran los “vicios” y etiquetas que cargamos con tanto desparpajo.

Etiquetas muy manidas

Situaciones que no dejan de sorprendernos

Un compañero de otra agencia y yo, estábamos esperando a unos clientes en la entrada del edificio correspondiente cuando, a unos veinte metros, vimos acercarse a las clientas interesadas en la propiedad.

Mientras se acercaban, veíamos cómo sus rostros se iban tensando cada vez más…

“¡Este piso ya lo hemos visto!”, nos espetó la más joven, sin dar siquiera las buenas tardes y sin haber llegado, del todo, al punto en el que nos encontrábamos. Hubo varios segundos de silencio, de esos de: ¿dónde está la cámara oculta…?

El compañero había registrado a la clienta previamente, y yo, representaba a los propietarios. Sabíamos entonces, no solo por que la memoria a medio plazo nos permite recordar rostros, que esa clienta no había visitado la vivienda antes.

Continuó con una retahíla de quejas dirigidas al compañero: “salís a enseñar viviendas sin tener en cuenta lo que os he pedido… te pregunté la orientación y me has dicho que no era oeste y este piso es oeste sí o sí…”. Y así, una serie de lindezas que no nos dejaban articular palabra. La chica fue educada y no subió el tono, no quiero que os confundáis… pero no nos dejó soltar palabra hasta que acabó.

Cuando por fin terminó de hablar, pudimos preguntar qué piso, y con quién, había visitado. ¡¡ Zasca!! Era otro piso en el mismo edifico; piso en otra planta, con otra orientación y con otro precio… Oye, que el número de habitaciones sí coincidía con el que ya había visto, ¡eso sí!

Se disculpó enseguida, varias veces, e intentó justificar su enfado con más argumentos sobre “malas experiencias” con otros compañeros. Os preguntaréis qué fue de la señora mayor que la acompañaba… Estaba allí, junto a ella. Tampoco la señora pudo mediar palabra entre aquella lluvia de tachas.

Etiquetas muy manidas

¿Estamos todos en el mismo saco?

Que sí, que podemos entender que se mosquee por tanto paseo improductivo; a mí también me gusta elegir a las personas con las que salir a pasear, y tampoco me decanto por desconocidos o poco conocidos. La cuestión es que nos movemos con clichés, generalizando por algo que nos ha ocurrido o nos han contado (no olvidemos esa habilidad innata que tenemos para adornar de más). Y de eso, nuestra profesión tiene “muy mucho”.

¿Que eso sirve para que los buenos profesionales destaquen? Nuestras malas experiencias, dice un estudio, las contamos a 16 personas; las buenas experiencias solo a 7. Salimos perdiendo lo mires por donde lo mires. Esa chica va a seguir hablando de los “paseos poco afortunados” que dio con otros, sin recordar siquiera nuestros nombres.

La propiedad le gustó y nos agradeció el asesoramiento, nuestra prudencia y la educación que tuvimos a pesar de su comportamiento. Pena que no hubiésemos podido grabar esa parte, para añadirla como enlace adjunto, y difundirla con bombo y platillo. Siempre viene bien algo de limpieza de imagen por estos lares…

Etiquetas muy manidas

Etiquetas muy manidas

No voy a decir que los hay mejores o peores profesionales, éso debéis decidirlo vosotros: los usuarios, los consumidores. Y ésto es lo que os pido en este post: que intentemos soltar etiquetas, prejuicios y clichés.

Intentemos no generalizar en nada, ni con nadie. Ya sé que no es fácil, que somos muy de arraigar costumbres y rumores como el que hereda el reloj de bolsillo de su abuelo. Permitidme, pero creo que es el mejor modo de evitar “bullas” inmerecidas y disculpas acompañadas de caras rojas.

Yo sí quiero irme con la “L”, de Lección aprendida, a casa.

 

Mª del Mar Aragón Rey

Asesor Inmobiliario

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