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“Reforzar la libertad de pactos y dar prioridad a la voluntad de las partes”

 

Y me sirvo del eslogan del anuncio de la conocida marca de detergentes para dar título a este post, porque el alquilar y el frotar de manos de algún que otro propietario se está volviendo, cada vez más, un problema y una maraña de litigios y desahucios.

La escalada de precios del alquiler es generalizada en todo el país y, digo escalada porque la dificultad para acceder a una vivienda en alquiler bien se puede comparar con la subida de cualquier cima…

La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) ha experimentado cinco modificaciones desde que empezáramos este milenio (la suma total es muy superior a cinco), siendo la más significativa la Ley de 2013.

Esta ley tenía como objetivo fundamental el flexibilizar el mercado del alquiler y, cito textualmente: “reforzando la libertad de pactos y dando prioridad a la voluntad de las partes”.

Tanta flexibilidad y tanto acuerdo entre las partes y mirad como estamos: propietarios que se toman la libertad de poner precio sin criterio, e inquilinos que, también sin criterio, se envalentonan con un mercado que no se ajusta a sus realidades. Una Ley de arrendamiento repleta de parches, y más parches, y la brecha no hace más que aumentar. 

El Rentar se va a acabar

Más de la mitad de los desahucios de viviendas son por el impago del alquiler

 

El número de desahucios en el segundo trimestre del año fue de 17.152, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Para quedarse con la boca abierta, sí.

Pero no os voy a hablar de números; la situación es, por sí sola, bastante evidente.

Si es abrumador el hecho de que, en este país, vayamos más enfocados al curar que al prevenir, a sabiendas de que lo primero es más costoso y complejo que lo segundo. La receta para obtener resultados, en cualquier ámbito, es saber qué es lo importante y emprender acciones, en dosis diarias y a lo largo del tiempo, en función a ello.  Sólo con un propósito bien definido, actuamos con convicción y tomamos decisiones más rápidas y certeras.

Ocurre en sanidad, justicia, educación, vivienda… el desembolso destinado a solucionar meteduras de pata es, exponencialmente, más alto que el de prevención y planificación. Y no hablo sólo del factor económico, también suman las consecuencias derivadas de una mala o insuficiente gestión: el estrés, la inestabilidad social, los errores pasados que no se pueden subsanar, imagen y confiabilidad más allá de nuestros confines…. un larguísimo etcétera!

¿Soluciones…?  “Haberlas, haylas…”

 

Y sabemos que las soluciones no son fáciles, ni tampoco rápidas. Lo que sí está claro es que las medidas actuales son erróneas, insuficientes, mal enfocadas… una leche, ¡vamos!

El Rentar se va a acabar

Llamadme osada, pero hoy vengo con los niveles de bravura altos y me atrevo a sugerir algunas ideas o soluciones. Imaginad que lo lee la persona adecuada y puede servir para algo…

Que las medidas recaigan sobre el particular ya está más que probado, en el tiempo y con los resultados, que no es la medida. Entregar fianza en la Junta de Andalucía, batida de un reducidísimo número de inspectores en busca y captura de “pícaros” propietarios, vecinos con autoridad para decidir que inquilino entra en propiedades que no son suyas… ¡Son palos de ciego a una piñata que no existe!

Son el Estado y las administraciones correspondientes las que han de tomar medidas e invertir. Si, creo que esto va de echarle dinero y de hacerlo en un parque de viviendas regulado y auditado por las administraciones competentes. Se hace, desde hace mucho, con viviendas de carácter protegido que el usuario compra si cumple el perfil, ¿por qué no hacerlo igual para inquilinos de rango adecuado?

El mayor número de viviendas regulará los precios de estas y, además, declinará en un escenario más reglado, ordenado y aliviado de praxis poco menos que inadecuadas. Por no hablar del parapeto que supondría para “okupas” y amigos de lo ajeno. Esta medida habría de ir acompañada, en mi opinión, de un seguimiento posterior para que la pillería encuentre las menos fisuras posibles por las que colarse.

Pedir a un propietario, con varios pisos en alquiler y sin conocimientos suficientes, que sustente, o dirija el sector de la vivienda a la regulación es tan ilógico como pedir a un alumno que sea quien imparta las clases para que el docente se siente en frente.

Es competencia total del Estado garantizar seguridad y una red de actuación que no se base en la improvisación.

Los profesionales de la gestión de inmuebles estaremos encantados, estoy segura, de promocionar y aportar nuestros medios y conocimientos para contribuir a la ordenación, tan necesaria, en el sector que nos ocupa, cada día.

Mª del Mar Aragón Rey

Asesor Inmobiliario

 

 

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